Todo va a pedir de boca. ¿Qué puede salir mal? Tienes todo lo que quieres y más de lo que podrías imaginar. Cada paso que das, sale mejor que el anterior. No hay ningún motivo por el que dejar de sonreir. Pero cuando menos lo esperas, algo cambia. Tu vida sufre una reacción diferente. Tu cabeza intenta aferrarse a tí, pero de nada sirve, a partir de ese momento, el que lleva la riendas, es tu corazón. Aparece esa persona que da un giro completo, tanto a tu cabeza como a tu vida. Nubla tus ideas y entorpece tu vida cotidiana. Dejas de ser el centro de tu mundo. Y te das cuenta de que tu mundo fue destruido justo en el momento en el que esa persona apareció en tu vida. Lo destruyó para construir un mundo de sueños e ilusiones en el que nadie habitaba, tan solo tu, esa persona y el amor que poco a poco va floreciendo en tí. Te abandonas a ti mismo, y todos tus sentidos se centran en ella. En esa persona que ha alborotado tu vida completamente. Aquella que es culpable de tus noches en vela imaginando una vida junto a ella. Aquella que pasa demasiado tiempo rondando por tu cabeza. Aquella que se ha ocupado tu corazón al completo. Esa por la que vives, por la que respiras. Esa persona por la que te das cuenta de que todo valió la pena. Alguien capaz de romper tus esquemas cada vez que se le apetezca. ¿Tu media naranja? No, tu naranja entera. Porque ya no existes tu, tan solo es ella. Porque es así, es así como el amor se apodera de nosotros. Es así, como nos volvemos débiles en cuestión de segundos.
