~ Hay veces en las que las cosas cambian es cuestión de segundos. Cuando menos lo esperas, ya nada es igual.
Como en esas ocaciones en las que decides hacer una pausa, porque no puede más, y cuando vas a retomar tu historia, ya es tarde, tu historia ha cambiado.
Como un día lluvioso, en el que ya has perdido la esperanza de poder salir a la calle y comerte el mundo, y de repende, sale el sol.
Como un niño pequeño, que con el paso del tiempo, va cambiando y nunca es el mismo.
Como este pequeño texto, que ha medida que lo vas leyendo, su contexto va cambiando.
A veces la vida da un giro inesperado. Un giro de 180 grados que cambia, a veces, hasta tu forma de ver las cosas. Por eso, pienso que hay que aprovechar cada minuto que nos regala la vida, pues no sabemos cuando las cosas van a cambiar. A veces, pueden cambiar para bien, otras para mal. Es una de las reglas de este juego que estás jugando ahora mismo, la vida.
Hay momentos en los que solo hay dos opciones, apostarlo todo o nada. Es la sensación como si estuvieras en un alto edificio, al borde, en el que solo tienes dos opciones, tirarte al vacio o retroceder. Pienso que la vida está para jugarla, para apostarlo todo, aunque a veces apostemos por nada. Así es como poco a poco se forma tu historia, tu vida. Cada caida y cada bajada, cada ida y cada venida, aunque a veces no lo pienses, son la razón por la que tu vida se está escribiendo así.
Muchas veces, escucho a otras personas hablar del destino. Para mi es algo inexistente. Sí, todo pasa por algo, pero esas cosas que pasan, esos pasos que damos, los das porque eran lo que creias conveniente en ese momento, aunque la mayoria de las veces te dieras cuenta de que fue una estúpidez. O a veces, simplemente te dejas llevar por impulsos. Por lo que sientes, no por el destino. Porque nuestra vida no está escrita, nosotros la escribimos cada día, con cada lágrima y con cada sonrisa, con cada persona que entra y sale de nuestra vida, con cada giro inesperado.

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